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elaboración de los rebozos de seda en Santa María
del Río es una actividad familiar a la que solían
dedicarse las mujeres. Los lienzos pueden ser de tres medidas, normal
de 3.60 m., mediano de 2.80 m y chico de 2.20 m. En primer término
se devana el hilo, y se coloca en los cañones la cantidad
necesaria de acuerdo a cada rebozo; con esto se procede a la urdimbre,
y es en el urdidor donde se le da la medida al lienzo.
Una vez urdido, el lienzo se traslada a un bastidor donde el hilo
se pepena, es decir, se separa del jaspe según el dibujo.
Posteriormente, se tuercen los cordones y se les agrega atole de
masa para que el hilo se endurezca, a fin de hacer el amarre más
fácil; a este proceso se le denomina boleo. El amarre consiste
en cubrir con atados de nuditos las partes del hilo donde no se
desea que penetre la tinta, de manera que el jaspe queda de diferente
color al del resto del cordón.
Después del pepenado y el boleado, el hilo se tiñe.
El veteo, es decir, el fondo del rebozo, y las puntas, se tiñen
al mismo tiempo. Una vez teñido, el hilo se deja secar a
fin de proceder al tejido. Los colores cafés en sus diferentes
matices son los que se reconocen como característicos de
Santa María; hay preferencia por los que están teñidos
en tono oscuro o “quemado” con la “barbilla de
peña”, que además le imprime un aroma que permanece
a través de los años.
También se producían con tintes naturales rebozos
negros, azul, rojo, morado y verde, todos con pequeños fragmentos
de blanco, que son los espacios que mediante el “amarrado”
quedan sin teñir, y al hacer el tejido muestran los dibujos
que según su estilo se denominan: de “calabrote”,
“rosita”, “rosarito”, “culebrilla
calado”, y otros.
Una vez terminada esta parte del proceso, les toca su turno a las
empuntadoras que tejen a mano, a base de nudo, el rapacejo o punta;
tarea complicada y minuciosa que ha sido colocada por algunas personas
en la categoría de los encajes. Las empuntadoras suelen distinguirse
por su habilidad manual y creatividad. La elaboración de
cada rapacejo les toma cerca de veinte días; la duración
del procedimiento depende de las medidas del rebozo.
Los rebozos de algodón tienen también nombres que
aluden a los diferentes estilos y géneros en que son tejidos;
algunos de los que se utilizan mas frecuentemente en la región
son: “bombilla”, “brinco”, “cordón”,
“chilaquil”, “fraude”, “garrapata”,
“lluvia”, “pasamano”, “patada”,
“polco”, “rosario”, “tablero”
y “veta ciega”.
La variedad y riqueza de los diseños de los tejidos de los
rebozos de Santa María del Río producen piezas únicas
que son sumamente apreciadas actualmente como un elemento distintivo
de la indumentaria femenina mexicana. Recientemente12, artesanos
reboceros de este municipio fueron distinguidos con un premio nacional.
Complemento de los finos rebozos santamarienses son los estuches
en los que suelen guardarse: cajas de madera taraceada, elaboradas
con múltiples y variados diseños, por los artesanos
locales. La fabricación de objetos de madera taraceada es
otra de las tradiciones que distinguen a Santa María del
Río como una región de artesanos.
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